jueves, 24 de agosto de 2017

Un cero sincero

Que beba cerveza puede empeorar si le da por ser locuaz. Por los viejos tiempos le dejo estar en casa y servirse todos mis botellines. Su contaminación aumenta cuando insiste con el móvil, youtube otra vez. Y aquí debería añadir más mierdas descriptivas que situaran la escena y dieran una pausa de introducción a la estúpida frase posterior:

-Hay canciones que bailaría hasta morir.

Ese trago que hemos visto tantas veces en el cine. No le lleva muchos segundos para no detener el ritmo de la exposición.

-Todas son de entonces pero hay una que marcó el límite. De repente, me di cuenta.

Pausa en sí menor. En mí, menor.

-Estaba viejo, estaba muerto. Ya no volvería a sentir eso.

Es el momento de obviar el juego de tildes y superponer imágenes de playas, cervezas, barcos y cuerpos jóvenes. Recalco la palabra jóvenes para quien no haya entendido aún de qué van los tiros.

-Bueno, sólo era un puto anuncio de verano.

Brinda ante un espejo. No hay nostalgia ni lucidez, sólo costumbre. Brindo al mismo tiempo que él, pero desde el otro lado del cristal.

Pasa el tiempo necesario para cuadrar la narración con la realidad orgánica. 

Vamos los dos a vomitar. Nos reconcome la distancia entre lo que hicimos y lo que quisimos hacer. La distancia entre lo que escribimos y lo que quisimos escribir.

También deploro el uso de todo este artificio.

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