miércoles, 8 de abril de 2020

¿Héroes?


Sí, me levanto cada día.

Mi disciplina consiste en vestirme antes de las comparecencias del Gobierno. Oigo la cifra de muertos mientras desayuno, las galletas mojadas y rotas caen en el café. Me vuelvo a acostar.

Aprovecho la ducha para llorar, no sé si es una forma de disimulo o de reciclaje. Da igual. Se me ocurre un tuit: “Cuando me ve desnuda, el espejo pregunta por ti”. No lo pienso publicar, lo borro.

Tengo un par de amigas en Twitter. Cada vez hablamos menos. Con él no he vuelto a conversar en privado. Ni soy capaz de leerle.

Me sirvo una copa de vino. Mantienen a raya mi desolación, las mantengo a raya de momento. Sonrío y cuelgo el primer tuit, lo escribo bajo piel de hombre.

“Cuando me imaginé en una situación parecida a esta, pensé que sería un actor digno. Pero me ha tocado el papel de porculero borracho”.

Joder. No puedo ni salvar la ironía, voy a salvar el mundo. Brindo por ello. “Amén”, responde Bette Davis en el gif.

No tengo gato ni perro que me ladre, solo el móvil. Lo pongo al lado del plato. Se salpica con la sopa de sobre. La comida no sabe a nada. No me ha desaparecido el olfato sino las excusas.

–¿Cuándo dejé de vivir?
–Cuando te dijo que no, respondió la amiga tuitera.

Sigo asintomática y asustada.

Puedo derrumbarme porque el filete se haya pasado un poco.

Duermo la siesta en el salón para compensar los insomnios. Pero da igual, cerrar los ojos es pensar en él. Cuando me levanto, necesito otro café. Recojo la mesa del zafarrancho de la comida. Dejo la servilleta y la copa para cuando cene. Las migas se van acumulando a la izquierda.

Me gustaría ir a la habitación, a escribir cuentos cerca de la ventana, como antes. Pero no reúno fuerzas. Una sábana pintada en el patio reivindica la sanidad pública.

Vuelvo al móvil. Releo una de sus cartas. Decido que no me dice nada y la tiro. Ya no tengo ninguna de sus fotos, dolían más.

“Me he prohibido los tuits tristes y ando sin paraguas bajo la lluvia”, este se escapa al TL. Podría borrarlo. Pero da igual. Nadie lo lee.

A esta hora compruebo las cifras de Italia. Me agarro al mínimo dato positivo. Esta empatía con su patria me hace aún más débil.

Todo parece cíclico en esta crisis. Twitter vuelve al debate de quién son los héroes; si todos somos héroes, ninguno lo es. No obstante, las medallas ya cuelgan de algunas pecheras.

Llevo un buen rato haciendo skroll con el móvil, sin leer nada.

Es la hora de aplaudir. Un par de minutos antes de las ocho en punto, alguien inicia el agradecimiento. Recuerdo el tuit de un conductor de ambulancia que decía que oírnos les confirmaba que seguíamos vivos. A veces me aparto para que los vecinos no me vean las lágrimas. Me ha matado el cambio de hora, que ya sea de día.

Y que no pueda verle.

Tengo que pensar en qué voy a cenar. Da igual.

Ya no está.

¿Qué quiénes son los héroes? Los que no son como yo.

"Amén”, responde Bette Davis en el gif.

1 comentario:

  1. Una amiga definió esta redacción como unos cuantos tuits arrojados contra la pared. Puedo estar de acuerdo pero no voy a corregirla, ni adulterarla porque define con bastante precisión cómo me sentía en esos días y meses de incertidumbre. (No obstante, puedo cambiar de opinión en cualquier momento.)

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